FACETAS DE PSICÓLOGA EN TIEMPOS DE COVID-19 - àrtia
18367
post-template-default,single,single-post,postid-18367,single-format-standard,cookies-not-set,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-14.5,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.7,vc_responsive

FACETAS DE PSICÓLOGA EN TIEMPOS DE COVID-19

En poco tiempo he tenido que desplegar múltiples facetas como profesional, por supuesto, de la mano de la persona que soy y experiencias personales.

Cada vez más, tengo comprobado que las cosas no son porque sí, que todo tiene un sentido, aunque no conozcamos. Y si por total casualidad, todo esto fuera puro azar y conseguimos dar un significado, seguro salimos ganando.

Hace un año me pasó el plazo para poder hacer un curso de duelo para profesorado, este olvido posibilitó que pudiera cubrir una suplencia como psicóloga adjunta en SM del CSA y esta suplencia hizo posible, entre otras cosas maravillosas, que en estos tiempos que vivimos, pudiera formar parte del Equipo de Apoyo Emocional Psicosocial del Hospital de Igualada para pacientes con Covid-19.

Paralelamente, apuntarme al postgrado de Psicología en Emergencias y Catástrofes de la UB, formar parte del fantástico equipo de psicólogos del SEM y que a finales de febrero, tuviera el gran regalo de poder acompañar a mi querida abuela hasta su último momento, me ha aportado un apoyo crucial para poder afrontar todo con lo que me he ido encontrando desde marzo hasta el día de hoy.

La consulta privada, tal como trabajaba, quedó parada desde el confinamiento en Igualada y, mientras tanto, he tenido la oportunidad de ofrecer una atención telefónica a población de la comarca que lo ha necesitado, gracias a la APPA, Associació de Psicòlogues i Psicòlegs de l’ Anoia, formando un equipo donde nos hemos acompañado en todo momento para poder acompañar.

Como psicóloga, soy afortunada de la profesión que tengo, de las oportunidades de crecimiento y aprendizaje que me brinda y mucho más, de poder conocer a personas tan espectaculares, que a pesar de tener miedo, convivir con la incertidumbre, el aislamiento y la soledad, los sentimientos de tristeza y rabia, la preocupación por los seres queridos y la propia salud, los duelos complicados, la culpa, la confusión… siempre encuentran (y encontramos) maneras de sobrevivir, de ser resilientes, de buscar ayuda, aferrándonos a los recursos que tenemos y reinventando otros. El ser humano, aunque esté en las peores de las situaciones, aunque incluso esté a las puertas de la muerte, se coge y acoge una mirada, una palabra, un contacto que permite resignificar el momento y trascenderlo para seguir adelante.

Es muy grande lo que somos y de lo que somos capaces cuando todo va tan mal.

Mi abuela me dejó un legado: “Sé valiente como yo” y esto tiene una magnitud que seguramente me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Escribo estas palabras con amor a mi profesión y a tantos y tantos profesionales de tantos sectores, que lo están dando todo estos días haciendo lo que mejor saben y todo lo que pueden, desde las enfermeras hasta las personas que hacen el pan… y, sobre todo a los pacientes muy pacientes, que lo están haciendo tan y tan bien, sea cual sea su circunstancia y destino.